Enójese Presidente, pero con usted mismo

¿Vio usted al presidente Jimmy Morales en el Teatro Nacional en el marco de la suscripción del Acuerdo Nacional para el Desarrollo Sostenibles? ¿Vio la cantidad de reclamos que hizo, sobre todo por el cierre de la mina de San Rafael Las Flores?

 

Al único a quien no criticó el Presidente fue a él mismo.

Y es quien más merece esas críticas.

Cuando Jimmy Morales llegó al poder era fácil identificar los 10 principales conflictos en torno a la actividad minera, generación hidroeléctrica y monocultivos existentes en el país.

Uno de ellos sin duda alguna, y quizá el de mayor trascendencia, el de San Rafael Las Flores.

¿Hizo algo el Presidente o su gobierno para aplacar esa situación conflictiva? Prácticamente nada.

¿Empeñó –aunque sólo fuera en mínima parte- su liderazgo político frente a los grupos adversos a la mina por ínfimos que estos fueran?

La respuesta es no. La gobernadora de Santa Rosa fue muy fallida a la hora de propiciar un diálogo con quienes adversan la mina.

¿Conoce Jimmy Morales al líder del grupo de origen xinca presuntamente afectado por la operación minera y trató de disuadirlo de la acción de amparo?

Otra vez la respuesta es no.

El Presidente, como su antecesor y el antecesor de éste, ignoró la oposición a proyectos que conceden recursos naturales de gran relevancia (como yacimientos mineros, como el caudal de ríos) y la conflictividad que gira en zonas de vocación agrícola en donde se siembra sobre todo palma africana. Con enorme displicencia, el Presidente le deja el campo a disposición entera de quienes desde organizaciones no gubernamentales procuran conducir el rechazo o las reticencias de las comunidades a los proyectos productivos.

Una acción directa del gobernante, acuerpada por un equipo de negociación con capacidad de intervención mínima de parte del Estado, bien podría reducir una parte de los conflictos.

Su liderazgo, su capital político, estaría mejor invertido en la prevención, en la resolución de conflictos garantizando a las partes el cumplimiento de los compromisos alcanzados que en esos discursos airosos pero inútiles cuando ya la suerte está echada.

Las autoridades se conforman neciamente con la formalidad de la concesión otorgada por las diferentes instancias estatales sin reparar en el papel de intermediador que le corresponde. Desdeñan a las personas y sobre valoran a la burocracia.

Antes de volver a quejarse el Presidente haría bien en repasar el listado de potenciales nuevas dificultades:

  • ¿Está seguro que no hay riesgo para las empresas que operan en la cuenca del Cahabón?
  • ¿Va a esperar a que se produzca una tragedia mayor en el Polochic para hacer algo que no sea enviar soldados y policías a la zona?

Actúe Presidente. Deje de quejarse y actúe.