Chambones. Sin iniciativa. Y a merced de los demás.

Cuando el Secretario de Homeland Security de Estados Unidos, el general John F. Kelly, anuncia la convocatoria a una Conferencia Internacional sobre la Prosperidad y la Seguridad del Triángulo Norte de América Central refleja la preocupación de su país sobre el nuestro.

Cuán legítima sea su preocupación o cuán estrictamente centrada en sus intereses de seguridad se encuentra, poco importa. Sin duda es genuina.

Guatemala es un problema. Guatemala y El Salvador y Honduras claro.  Un problema y una rémora que envía migrantes ilegales hacia el Norte por millares. Y a estos países se les ve incapaces o desinteresados en resolver sus dificultades y por eso requieren de ayuda. O de tomar dictado.

Por eso amablemente Estados Unidos y México serán co organizadores y anfitriones de la Conferencia a realizarse en junio en Miami, que pretende identificar las necesidades en materia de seguridad y economía del Triángulo Norte.

Y los Presidentes de los tres países, mansos y apenas deliberantes antes de extender la mano, concurrirán de forma previsible a la cita que les concederá el vicepresidente Mike Pence.

Con la mejor de las suertes, si el presidente Trump tiene a bien dejar por un minuto la Casa Blanca del Sur o Mar-a-Lago, llegará unos instantes a darles la mano.  Pero eso ya sería como ganarse la lotería.

La administración republicana entiende que la seguridad de su territorio arranca a 1,500 millas de la frontera. Por eso prestan atención a las sociedades más fallidas de la región, las que han sido menos capaces de organizarse para garantizar condiciones aceptables de vida para la mayoría de sus integrante y ofrecen espacio para el tránsito libre de droga y de potenciales terroristas.

Estados Unidos busca que por medio de la ayuda de Organizaciones No Gubernamentales, del Banco Interamericano de Desarrollo y de inversión extranjera la región pueda ofrecer un mejor futuro a su población.

En comparación, otros vecinos nuestros con mejor desempeño como Belice, Costa Rica y Panamá, además de Colombia, participarán como observadores aventajados.

Tanto el Departamento de Estado, como el del Tesoro y de Comercio, participarán en la cita, pero queda claro que la batuta la lleva la secretaría de Homeland Security, la cual está encabezada por un militar.

Estados Unidos y México también invitarán a países europeos a participar en la Conferencia e incluso a Japón y a Corea del Sur en un esfuerzo desesperado por conseguir inversiones para la región.

Tanto problema considera la administración Trump a Centroamérica que a pesar de sus recortes descorazonados estuvo dispuesta a mantener US$650 millones en el presupuesto dedicados a la Alianza para la Prosperidad. Pero Washington entiende que estos fondos son muy insuficientes y pide ayuda a sus aliados para sacar a la chiva de la barranca.

Sin liderazgo político propio y sin iniciativa, Guatemala no tiene oportunidad alguna de decir mayor cosa en una cita de este tipo. Apenas se animará a agradecerla. Con suerte, logrará ponerse de acuerdo con El Salvador  (con una economía en caída libre) y Honduras (cuyo gobernante refleja más liderazgo o al menos tiene ocurrencias para mejorar su economía) antes de extender la mano.

Lo demás será posar para la foto.